IGORs

sábado, 12 de diciembre de 2009

PUBLICADOS

Saludos, soy lobo informando de un dato cuando menos interesante:

La editorial Dolmen ha sacado toda una línea editorial dedicada a tematica zombi, para ello esta editando libros nuevos del genero y traduciendo libros del extrangero, pero ademas ha comenzado una interesante iniciativa que en caso de tener buenas ventas iria saliendo un nuevo ejemplar periodicamente. Dicha iniciativa se denomina "Antología Z" y consiste en un recopilatorio de relatos diversos de escritores noveles. Lanzaron un llamamiento por todo internet solicitando relatos de esta tematica y adivinad quienes van a tener un relato incluido en el recopilatorio: Askunas y yo mismo.

Salvo algun cambio posterior los integrantes de este recopilatorio son los siguientes relatos:

- Trabajo inacabado.
- Ave Cesar.
- Floro, el perro.
- Declaración de un superviviente.
- En el metro.
- Estoy Cambiando.
- El judío.
- Fragmentos de nuestra muerte.
- El huésped.
- Tiene mensajes nuevos.
- No por mucho madrugar...
- Casi humano.
- Clonk!
- Marchitas por dentro.
- La última balada de Xeoglia.
- Santuario.
- 3113.

De estos relatos Clonk! ya habeis tenido el placer de verlo en este mismo blog, obra de mi hermano Askunas un relato corto pero completamente redondo y cerrado. Por mi parte mi aporte a este recopilatorio es 3113 relato que hice de propio para el recopilatorio y que una vez este a la venta probablemente cuelgue aqui el primer capitulo (entero lo dudo puesto que ocupa unas 47 paginas).

Todo esto a nivel profesional, no es un concurso ergo incluye derechos de autor asi que aunque noveles y poco experimentados Askunas y yo ya podemos alegar que somos escritores oficialmente.

Aun no se sabe fecha de lanzamiento ni precio pero esta semana iba a ser enviado a los correctores y probablemente de ahi a imprentas, cuando tenga datos de fecha de publicacion y precio hare una entrada con esa informacion.

¿Visiones de futuro? pues lo más destacable es el plan de terminar nuevos inquilinos (varios de los relatos de Askunas estan aqui colgados asi que ya sabeis de que va el tema) recopilatorio de relatos en el que yo tambien participare (aunque tengo que admitir que de los cinco que tengo pensados aun no he concluido ninguno, tengo que ponerme a ello). Una vez terminado la idea es presentarlo a la propia editorial Dolmen a ver si con un poco de suerte logramos nuestra segunda publicacion y la primera personal.

A la vez aprovecho para anunciar que nuestro otro hermano y tambien miembro de los buscadores (e ilustrador de nuestros relatos) VonHeimdrich ha publicado recientemente con la editorial Mare Nostrum un comic de relatos de Edgar Allan Poe, hay un ejemplo de pagina en su blog (en los links el de Nacho de Marcos)

Saludos y gracias a todos aquellos que sigen este blog.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Primera entrada)


“Para quien pueda leer esto:

Bienvenidos al futuro, así, en dos días, hemos dado un salto de gigante, hemos pasado de llevar ruedines a pilotar un bólido en alta competición, o eso dicen los más famosos científicos de la robótica.

Hemos pasado de un robot que sube escaleras a un robot con forma humanoide que lo mismo te prepara un ragut de ternera, como que te recoge la casa o te cambia una rueda del coche. Y lo más importante, nadie sabe cómo.

Ni los altos jefes de estado, los más laureados científicos, ni ninguna compañía, excepto Thanos, sabe cómo funcionan o qué son.

Ahí entro yo, soy Denis, una reportera de exclusivas difíciles y reportajes en los suburbios, con una historia que me daría el Pulitzer y deseando que todo sea un montaje. Cómo puede el ser humano caer tantas veces en el mismo error.

No sé si hago esto para salvar al mundo de Ricard Thanos Tercero, fundador y cabeza del equipo científico de Thanos, me gustaría pensar que es así. Es verdad que al principio era una venganza personal y autodestructiva, pero sabiendo lo que sé ahora me habría involucrado de todas maneras.

Todo comenzó hará un año con el anuncio del último producto de industrias Thanos, el “Thanos III”, algo ególatra y pomposo, pero es normal en alguien con unas aspiraciones tan altas. Según el anuncio el androide no saldría al mercado hasta seis meses después, el veinte de diciembre de dos mil dieciocho, aunque la demanda y reserva de pedidos comenzó ese mismo día. Debido al precio de venta, que no superaba los cuarenta mil euros, las unidades previstas para el día de lanzamiento se agotaron en veinte días, para cuando llegaron las navidades habían abierto dos complejos nuevos de ensamblaje y aun así no lo recibías hasta quince días después, jamás he llegado a ver ninguno en las tiendas.

Desde esas navidades se convirtieron en el símbolo definitivo del confort y la calidad de vida, si es que el jodido robot te hace hasta la compra. En un principio, también se consideraba como un indicativo de que pertenecías a la clase alta pero al mes de su lanzamiento sacaron la cláusula 13021, por la que el comprador se comprometía voluntariamente a donar su cuerpo, a los laboratorios del señor Ricard en el momento de su fallecimiento para fines científico. Los que se adscribían a dicha cláusula recibían a cambio un descuento del cincuenta por ciento del coste de la unidad. El mundo amaba a los “Thanos III”, de repente se habían convertido en algo como la televisión y los coches, los veías por todas partes y todo el mundo con quien hablabas tenía uno, aunque sólo lo tuviera reservado, pero tenía uno.

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Segunda entrada)


Fue entonces, hará unos cinco meses, cuando mi madre adquirió uno, obviamente subscribiéndose a la cláusula 13021. Ella alegó que era para no depender tanto de nosotros, pero a mí me erizaba los pelos el mero hecho de imaginármela sola con el robot, así que le insistí para que se retractara de ello. A pesar de la oposición del resto de la familia, ella me hizo caso e intentó dar marcha atrás, pero la compañía se negó. A los quince días murió por un supuesto ataque al corazón, no sé qué hizo ese engendro, pero mi madre no había tenido ninguno anteriormente y, salvo por su cojera, gozaba de buena salud.

Para cuando llegué a casa de mi madre, la compañía ya se había llevado el cuerpo a la par que el robot, la letra pequeña del contrato indicaba que la mercancía sería reciclada a la muerte del propietario.

El robot se lo podía haber envuelto yo misma, pero no dejarnos ni siquiera velar a mi madre, eso fue ir demasiado lejos, hundir la compañía Thanos pasó a ser mi única prioridad.

Para esa fecha todos conocían el nombre de Ricard Thanos, pero al comenzar mis investigaciones descubrí que nadie había visto al señor Ricard en ningún sitio, ni prensa ni televisión, lo que era algo tremendamente sospechoso.

Comencé la investigación más exhaustiva que pude realizar con mis medios, llamé a todas las puertas que podrían tener información sobre Ricard y su empresa, acosé a todo aquel que podía estar relacionado con él. Con el tiempo todos a mi alrededor me tacharon de estar obsesionada con el tema, poco a poco me quedé sin gente a la que recurrir y encima toda la información que había logrado recopilar no era más que un montón de trivialidades, sin ningún hilo del que tirar y seguir con la investigación. Por suerte, para ese entonces había armado tanto revuelo que otra compañía se fijó en mí y me reclutó, ese fue el comienzo de la verdadera investigación.

Contactaron conmigo hará unos dos meses y medio, yo ya me había resignado a vivir con la sensación de impotencia para toda la vida y estaba de vacaciones en Grecia tratando de distanciarme y encauzar mi futuro, cuando una noche Lázaro apareció.

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Tercera entrada)


No sé quién será, si se llamará así o usará un alias, pero encendió una luz en mi momento más oscuro y siempre le estaré agradecida. Según la carta que me dejó en la habitación, pertenecía a una organización que se fundó hace décadas para evitar grandes desastres en el mundo.

En la carta se me advertía de extraños sucesos que apuntaban hacia la existencia de algún tipo de complot por parte del señor Ricard. Por lo visto, todos los robots que se habían vendido en todo el mundo provenían de cuatro de los cinco complejos industriales creados y diseñados para la construcción de los “Thanos III”.

Las cinco fábricas funcionaban al cien por cien, todas tenían el mismo número de empleados, consumían cantidades similares de energía, piezas y suministros de todo tipo, pero sólo cuatro de ellas vendían su producto al mundo.

El complejo situado en el norte de África, el primero en crearse, cuna del imperio de Ricard, permanecía en unas supuestas reparaciones constantes, alegaban que estaban siendo constantemente saboteados.

En la carta se hablaba también de un dato del que ya me había dado cuenta, aunque no supiera donde encajarlo, las defunciones por causas naturales habían aumentado en el último medio año un treinta por ciento, siendo una gran cantidad de ellas acaecidas a personas subscritas a la cláusula 13021.

Estos y otros datos me llevaron a ir sola a la habitación de otro motel, como me indicaban al final de la carta. Allí, tras media hora pensando que alguien se estaba riendo de mí, recibí una llamada de Lázaro.

En la conversación me remitió a un código postal en el que podía recoger un pen drive con datos que corroboraban los informes que me habían adelantado, además de información que todavía desconocía.

Cuando abrí el sobre una breve carta cayó al suelo, en ella se me instaba a no enchufar el pen drive, ni realizar investigaciones en ningún ordenador conectado a internet. Habían podido confirmar que el señor Ricard había creado en los últimos años estrechos lazos entre su compañía y las grandes empresas de desarrollo de sistemas informáticos. De repente, parecía haberme convertido en una especie de Matahari.

Tras analizar los datos e intercambiar varias cartas con Lázaro descubrí por fin el porqué de que me eligieran, necesitaban a alguien interesado personalmente en desenmascarar a la compañía Thanos. Además, que esa persona estuviera preparada para adoptar otra identidad, siendo creíble y sabiendo moverse para recabar información. Por último, necesitaban que fuera alguien con contactos dentro de los medios de comunicación, pero no tan conocida como para que la reconozcan. En definitiva, me buscaban a mí.

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Cuarta entrada)


En el primer mes y medio me prepararon documentación falsa para que me infiltrara en la fábrica situada en el norte de África, como trabajadora de mantenimiento, era la tapadera más útil debido a las grandes instalaciones de ventilación que recorrían el complejo. Durante esas siete semanas no estuve mano sobre mano, aprendí de memoria mi nueva vida, me entrenaron para solventar los problemas más típicos dentro del mundo del mantenimiento, no es que saliera siendo una entendida en la materia, pero con los conocimientos que adquirí y un manual inacabable que me instalaron en la pda debería bastarme para no levantar sospechas.

Hace poco menos de un mes comenzó la parte más difícil, la hora de trabajar en terreno enemigo, estaba sola, así que me hice amiga de todo el mundo, no esperaba encontrar alguien en quien confiar, sólo supuse que así levantaría menos sospechas.

Desde el primer día pude comprobar que la vida dentro de las instalaciones estaba dividida en dos, por un lado estábamos los eventuales, personal no interno que podía entrar y salir del complejo, pero que tenía acceso sólo a un tercio del centro. Por otro lado, estaban los internos, este tipo de personal tenía acceso al resto de instalaciones, vivían en barracones distintos y no parecían tener permitido el contacto más allá del saludo con los eventuales.

No puedo negar que al principio fue duro, para poder moverme con soltura por las instalaciones primero tenía que familiarizarme con ellas aprovechando mis labores de mantenimiento, las cuales me dejaban bastante poco tiempo. Poco a poco fui cogiendo soltura y dispuse de tiempo para recorrer a fondo todos los pasillos y salas a las que tenía acceso. Esto me llevó poco tiempo, ya que la parte del complejo a la que tenía acceso eran almacenes, muelles de recepción de materiales, cocinas y diversas salas en las que poco podría averiguar acerca de los robots o del propio Ricard. De las instalaciones principales, los eventuales sólo teníamos acceso a las salas de montaje del exoesqueleto, la parte externa del robot. Lógicamente, los entresijos del interior del “Thanos III” estaban restringidos a la plantilla interna de la compañía. Dos semanas después, estaba preparada para dar el siguiente paso, introducirme en los sistemas de ventilación y comprobar hasta dónde podía llegar.

Lázaro se había encargado de que trabajara en el turno de noche para que mis posibles ausencias pasaran más desapercibidas, con lo que al término de mis labores cotidianas me dirigí a las cocinas, era el sitio que tenía menos cámaras de vigilancia, coloqué mi escalera portátil y me colé en los conductos. Tras varios días revisándolos, pude comprobar, como era de esperar, que disponían de compuertas que sellaban el acceso al resto del complejo. Necesitaría algo de ayuda externa.

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Quinta entrada)


No sabía hasta qué punto controlaban a los trabajadores, así que tras realizar varias comprobaciones descubrí que no sólo inspeccionaban mi taquilla, sino que mantenían un control diario de las habitaciones del personal, eso limitaba las opciones. Si quería esconder alguna herramienta que me facilitara la apertura de las puertas, tenía que ser algo pequeño que pudiera llevar encima en todo momento. Además, inspeccionaban minuciosamente a todos los que salían y entraban al complejo, lo que implicaba que no podía meter o sacar nada directamente.

El personal externo disponía de los domingos para ocio personal, bien en las salas de esparcimiento del complejo, bien fuera de él. El domingo pasado salí al mundo exterior para poder contactar con Lázaro. Les describí la cerradura y me informaron de que el miércoles llegaría al andén de carga número dos un camión con problemas en la transmisión. Dentro de la caja de cambios de ese vehículo, encontraría lo necesario para burlar la seguridad de las compuertas.

Llego el día y recogí el paquete, ocupaba lo que una cajetilla de tabaco y llevaba un pequeño manual sujeto con cinta aislante. Terminé mis labores diarias, me dirigí nuevamente a las cocinas y me introduje en los conductos, una vez allí desenvolví el paquete y leí las instrucciones. El sistema era sencillo, una tarjeta tipo crédito y una cajita plana de metal que supuestamente anulaba el sistema de aviso de apertura de puerta y debería hacer pasar desapercibida mi intromisión en las zonas restringidas.

Me dirigí a la compuerta más cercana, utilicé la tarjeta y accedí al siguiente conducto, me acerqué a la primera rejilla de ventilación que encontré y pude comprobar que me hallaba en un pasillo que no conocía. Una vez comprobada la utilidad de la tarjeta salí, me la guardé en el bolsillo interior del mono de trabajo y me dispuse a pasar un par de días sin salirme de mis rutinas, para asegurarme de que no se había detectado mi intromisión.

En estos últimos tres días no ha saltado ninguna alarma ni se han intensificado los registros a las habitaciones, lo que me hace suponer que el dispositivo funciona. Hoy es domingo, he salido de las instalaciones para poder anotar esto y enviármelo a mi domicilio real. Escribo estas hojas a mano para que se pueda atestiguar que realmente son mías. Mañana comenzaré la verdadera investigación, no sé lo que ocurrirá si me descubren, pero no creo que se contenten con expulsarme de las instalaciones, aquí está ocurriendo algo muy gordo.

Hasta ahora lo único que he podido comprobar es que la fábrica de exoesqueletos mecánicos para los robots funciona a pleno rendimiento, además, a pesar de haberse informado de sabotajes en las zonas restringidas, siguen consumiendo la misma energía y demandan las mismas cantidades de componentes que las demás fábricas. Lo que no he visto todavía es ningún robot terminado, ¿qué estarán haciendo con ellos?”


Firmo las hojas, cada una de ellas, puede que si alguien lo lee me tache de estar obsesionada, pero cada día que paso aquí dentro, estoy más convencida de que mi vida pronto estará en verdadero peligro, y probablemente la de todo el mundo, mañana sabré más.

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Sexta entrada)


LUNES

Estados Unidos, Las Vegas, Mark & David, 29 y 27 años.

Mark nunca ha sido un chaval muy normal, trabaja como Hacker informático, se dedica a robar información en la red de los sitios más protegidos, vender ese material siempre fue fácil. Es el típico genio absorbido por los libros, por supuesto que en su interior sabe que no puede culpar a sus padres de ello, sólo querían que fuese alguien importante, que las horas de estudio y las clases particulares no le dejaran tiempo para ser un niño era algo secundario para su futuro, o así lo creían ellos. Jamás ha tenido una relación normal con ninguna chica, en realidad descontando su colección de muñecas hinchables nunca ha tenido una relación.

David es el típico homosexual reprimido enamorado de su mejor amigo, jamás se lo dirá, porque en el fondo sabe lo que responderá y no está preparado para eso, Mark es lo único bonito de su vida, o así lo ve él.

La aparición de los “Thanos III” supuso una pequeña puerta hacia la felicidad de Mark, por mucho que se lo imagine las muñecas hinchables no le hablan, no le tocan, parecen odiarle igual que las de carne y hueso. Su nueva chica llega hoy.

-Ding dong- suena la puerta, ya se estaban retrasando.

-Ya voy yo Mark- David le ayudara con su nuevo experimento, pero una vez terminado no lo tocará. Es un buen amigo, siempre está dispuesto a echarle una mano.

-Industrias Thanos, traemos un pedido a nombre del señor Andrews- es el apellido de soltera de la madre de Mark, al separarse se lo cambio a él también.


Australia, Melbourne, Agnes, 80 años.

Agnes lleva sola quince años, ocupándose de mantener el caserón que le dejó su difunto marido, en él iban a tener muchos hijos de los que se encargaría ella. Las mascotas que le fue regalando su marido le hicieron compañía, pero no llenaron el hueco de los niños, además, el hecho de vivir en un barrio controlado por las bandas no la motivó nunca a salir y relacionarse con los vecinos.

Su familia la repudió al casarse con alguien como su marido, la desheredaron y no volvieron a tener contacto con ella, para Agnes es como si nunca hubieran existido. Está tan sola… además está la casa, pronto no podrá ocuparse de ella, no como es debido, pero sobre todo es esa soledad total. Cuando estaba su marido, se sentía acompañada, aunque no coincidieran más que para el desayuno, momento en el que su santo marido leía el periódico y no se le podía molestar, y en la cena, momento el que su bien amado esposo veía las noticias y necesitaba silencio para escucharlas.

-Ding dong- suena la puerta, ya pensaba que seguiría toda la vida sola.

-¿Quién es?

-Industrias Thanos, traemos un pedido a nombre de la señora Smith- era su apellido de casada, aunque viuda, seguía manteniéndolo por respeto a su difunto marido.


España, Madrid, Jacobo, 13 años.

Jacobo es un niño muy sociable, tiene muchos amigos, hoy está en casa porque su abuelo ha ido a visitarles. Desde pequeño le ha querido mucho, a su abuela también, pero cuando llegan a casa, su madre y su abuela se tiran todo el rato hablando de cosas que a él no le interesan, así que nunca ha hecho muchas cosas con ella.

Su abuelo es diferente, le enseñó a jugar a las cartas, a las damas y a tantos juegos. Solía llegar y poner los deportes en su radio de mano y luego jugaban durante toda la tarde, a Jacobo le gustan los deportes, pero sobre todo cuando los escucha con su abuelo.

Esa tarde su abuelo no puso la radio al llegar a casa y su nieto le preguntó por ella, no funcionaba. Jacobo la cogió y se la llevó al trastero, él era un manitas, ya le había arreglado el dvd a un amigo y la consola a otro, al cabo de una hora el niño bajó sonriente, encendió la radio y funcionaba, su abuelo le dio las gracias y un gran abrazo, luego comenzaron una partida de ajedrez.

-Ding dong- suena la puerta, el pedido llegaba con retraso.

-¿Sí?

-Industrias Thanos, traemos un pedido a nombre de la señora Martínez- la madre de Jacobo no tiene tiempo para las tareas del hogar, trabaja todo el día y el padre de Jacobo se fue antes de enterarse de su paternidad. Últimamente se le venía la casa encima.

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Séptima entrada)


LUNES

África, desierto del Sahara, instalaciones Thanos, Denis, 35 años.

Me despierto a las siete de la tarde, completamente fresca para el turno de noche. Desayuno, como digo yo, y me dirijo a mi taquilla, cojo las herramientas y comienzo con mi rutina lo más rápido que puedo, a la una de la noche aproximadamente me dirijo nuevamente a la cocina.

Cuando salí el domingo contacté con Lázaro, por lo visto hay unos muelles de entrada de mercancías en la zona norte, no paran de llegar camiones frigoríficos todos los días y está muy lejos de las cocinas. Menos mal que me oriento bastante bien, sino jamás llegaría.

Paso más de media hora recorriendo los túneles medio a oscuras con una linterna, por suerte no vuelvo a encontrarme ninguna puerta de seguridad. Al final acabo llegando al almacén anexo a los muelles, el reparto solía hacerse por la mañana, con lo que la zona está completamente abandonada. Hay cuatro cámaras, dos controlando las puertas de acceso al exterior y las otras dos, cada una enfocando a las dos únicas salidas. Me decanto por la que va hacia el este y continúo en esa dirección por los conductos, al poco encuentro una rejilla y me asomo enfocando con la linterna.

Es una sala de por lo menos quince metros de largo y unos diez de ancho, con todas las paredes recubiertas de pequeñas puertas de poco más de un metro cuadrado. Por la habitación habrá unas veinte camillas de esas de morgue, con grandes bolsas negras sobre ellas, una justo debajo de mí. Mi mente racional me dice que no, pero parecen contener cuerpos en su interior.

Tengo que asegurarme, compruebo la estancia y parece no tener ningún otro acceso, además de no haber ninguna cámara de seguridad, es mi noche de suerte.

Retiro la rejilla, la sala parece estar a unos diez grados, guardo la linterna en el bolsillo y me descuelgo sobre la camilla con cuidado. Bajo al suelo, saco la linterna y busco la cremallera, la agarro fuertemente con la mano derecha mientras ilumino la bolsa.

Abro lentamente, levanto la parte superior y desde el interior me miran unos ojos sin vida. No puedo evitar dar un paso brusco hacia atrás, chocando con algo a media altura en mi espalda, salto de lado y resbalo, caigo bruscamente al suelo y pierdo la linterna.

Me quedo quieta en el suelo con una luz a unos cinco metros apuntando a una pared, mis instintos me dicen que la recoja y que salga corriendo de ahí, el miedo me impide mover un solo músculo.

Contengo la respiración unos segundos y después, tras comprobar que nada parece moverse, comienzo a respirar lentamente y en silencio. Me calmo convenciéndome de que debió ser otra camilla. Entonces caigo en la cuenta, no es la bolsa, no son la veintena de camillas con bolsas, son las pequeñas puertas. ¿Cuántos muertos puede haber en esta habitación?

Recojo la linterna lo más rápido que puedo, localizo la rejilla y sin mirar a mi alrededor subo como una exhalación. Coloco la rejilla y la atornillo con un pulso más que dudoso, ¿de dónde han salido tantos cadáveres?, qué ingenua, la cláusula 13021.

La curiosidad me puede y al volver continúo hacia la sala opuesta del almacén, lo mismo, una habitación de idénticas medidas, con camillas y compuertas en las paredes.

Demasiadas emociones para un día, mañana intentaré descubrir qué hacen con ellos, pero por hoy regreso a las cocinas y termino mi jornada.

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Octava entrada)


MARTES

Estados Unidos, Las Vegas, Mark & David, 29 y 27 años.

Mark ha pasado toda la mañana eligiendo un vestido y ropa interior de entre el vestuario de sus “novias”, probando todo tipo de combinaciones, al final la vistió de colegiala, con una peluca negra y larga, lucía igualita a “Mariko”, su primer amor platónico.

Al mediodía llega David, trae un par de pizzas, cervezas, un par de prótesis de silicona y una vagina postiza con efecto succión y vibración. Mark coge su pizza sin apenas gruñirle un saludo y la devora mientras inspecciona los artículos del sex shop. A David no le desagrada que le trate así, con que le necesite de vez en cuando es suficiente.

A la par que termina de investigar el material se engulle el último trozo, está ansioso de acoplar las piezas al puzle, pronto tendrá su propia mujer perfecta.

-David, termina la comida y ven a ayudarme con esto- se dio la vuelta y se dirigió hacia el “Thanos III”, su sirviente. Éste, por su parte, cerró la tapa de la pizza y le siguió de cerca, comer podía hacerlo en cualquier momento.


Australia, Melbourne, Agnes, 80 años.

Son las ocho de la tarde y Agnes lleva todo el día en su mecedora, frente al televisor, junto a su revistero especializado en prensa del corazón, su pequeño hobby.

El robot la ayudó a levantarse, vestirse y le preparó el desayuno, luego se dedicó a hacer las labores que ella hacia durante todo el día en apenas tres horas, preparó la comida y se quedó estático a su lado.

-Te voy a llamar Rupert- pensó en alto la dulce y aburrida abuelita. El robot no contestó.

Agnes se puso las gafas de leer, se acercó al pecho del robot y leyó:

-UD cinco, cuatro, siete, cero, cuatro

-¿Sí?, señora Smith- contestó una voz fría y metálica.

-A partir de ahora te llamarás Rupert y deja de llamarme señora Smith, llámame Agnes.

-Entendido señora Smith.

Agnes comprendió que sólo era un electrodoméstico más, un aparato que le quitaba el único sentido a sus días, mantener su casa perfecta para cualquier posible visita. Mañana sin falta lo devolvería.


España, Madrid, Jacobo, 13 años.

Cuando Jacobo llegó a casa, Hervi, así había bautizado al robot que compró su madre, ya tenía preparada la comida, estaba realmente deliciosa, sobre todo la mousse de chocolate.

Su madre lo había programado para que le obedeciera también a él ya que pasaba todo el día trabajando, de esa manera si Jacobo necesitaba algo, el robot podría ayudarlo. Aprovechándose de eso, el niño lo tuvo jugando con el toda la tarde. Cuando a las nueve llegó su madre, se encontró la casa más revuelta que nunca y la cena sin hacer, llegaba molida y tenía el doble de trabajo por delante.

-¡Jacobo!, ¿qué has estado haciendo?

-Sólo jugaba- contestó el niño con un leve hilo de voz, se sentía realmente mal.

-Que sea la última vez que usas al robot para jugar, ya eres lo suficientemente mayor para saber lo que haces. Vendrás derecho a casa toda la semana y te quedarás estudiando hasta que llegue, y este fin de semana no iras al río con tus amigos. Estás castigado.

Su madre y Hervi se pasaron varias horas recogiendo y haciendo la cena, por más que el niño quiso ayudar a su madre, cansada como estaba, le indicó que se quedara quietecito en el salón y estudiara. Cuando estuvo la cena preparada, cenaron y la madre lo mandó directo a la cama, todavía tenía muchas cosas por recoger y mañana se levantaba muy temprano.

Jacobo pasó la noche angustiado por el enfado de su madre, no paraba de pensar que tenía que hacer algo para que su madre volviera a quererlo.

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Novena entrada)


MARTES

África, desierto del Sahara, instalaciones Thanos, Denis, 35 años.

Apenas he podido dormir con la visita a la morgue de la pasada noche. A eso de las cinco, decido dejar de tener sueños cortos y angustiosos y me levanto, me aseo y me dirijo al gimnasio de las instalaciones. Tras una hora machacándome y media en el spa, me siento bastante mejor, pero no me quedaré tranquila hasta que descubra qué hicieron con mi madre.

Al igual que el día anterior me dirijo a las cocinas hacia la una de la madrugada, voy directa al almacén y comienzo a peinar la zona. Alrededor sólo hay pequeños laboratorios con muchas probetas y líquidos extraños, pero no hay ni rastro de los cuerpos fuera de la morgue.

Comienzo a alejarme más del almacén y entonces los encuentro. Sabía que tenían que estar en alguna parte, pero al verlos tras la rejilla, la visión me sobrecoge. Ante mí tengo una sala de dimensiones difíciles de calcular, completamente diáfana salvo por los miles de robots que permanecen quietos, alineados como un ejército. No puedo evitar pensar que esto es lo que debió sentir el que descubrió los “Guerreros de Siam”.

Pienso en bajar, verlos de cerca, abrir uno y poder ver cómo son por dentro, pero desisto al ver las diversas cámaras que controlan la sala, sería un suicidio. Sacudo la cabeza y continúo por el pasillo mientras digiero lo que acabo de ver.

Cuando estoy a punto de dejar la búsqueda de los cadáveres, descubro algo que me puede ser muy útil, una sala pequeña con muchos monitores y un hombre con bata frente a un teclado, parece bastante adormilado. Posiblemente a través de los monitores pueda ver más rápidamente lo que hacen en estas instalaciones, lo difícil será bajar, ya que desde aquí arriba no se ve nada.

Decido esperar, por un día que desaparezca más tiempo no creo que me descubran, a la media hora el doctor coge su taza de café y la observa vacía, se levanta y sale de la sala. No sé cuánto tardará, pero es ahora o nunca.

Esta vez vengo preparada, uniendo grandes cantidades de cable, he fabricado una pequeña cuerda de unos seis metros, lo que me permite descolgarme dentro de la sala y poder volver a subir luego.

Una vez abajo observo los monitores sin dar crédito a lo que veo, en todos los monitores se ven salas o pasillos tan sólo iluminados por luces amarillas tenues, seguramente luces de emergencia, los muebles y utensilios están por los suelos y al igual que las paredes están manchados de algo oscuro. Entonces me fijo en ellos, por dios, son seres humanos, o eso parecen, apenas los veo con claridad, sus movimientos son lentos y erráticos, cuando me fijo mejor a algunos parecen faltarles miembros y están cubiertos de… sangre, no podría asegurarlo cien por cien pero seguro que, al igual que las otras manchas, son de sangre.

Me giro y casi vomito en la papelera, menos mal que me contengo, habría sido mi ruina, que han hecho con esa gente, siguen vivos, ¿por qué no los rematan y dejan de hacerles sufrir? Tengo que saber más.

Cojo el teclado que hay sobre la mesa y observo que frente a él a ras de mesa hay un pequeño monitor con unos informes abiertos, comienzo a ojearlos, parecen informes de seguimiento, los están estudiando, esto es aberrante.

Minimizo el archivo y comienzo a revisar otros que voy encontrando, por lo visto las imágenes no son de este laboratorio, por lo visto existe otro anterior a este. Bueno, por lo que acabo de encontrar existía, fue sellado hará unos doce años por una epidemia muy virulenta que se extendió por todo el complejo. Lo más sorprendente es que una vez sellado no lo limpiaron, en su lugar todavía hoy observan como siguen vivos sin hacer nada por ellos.

Me gustaría trastear más, pero creo que tengo suficiente, descubro el emplazamiento en Alaska y me apunto las coordenadas, se las pasaré a Lázaro por si ellos pueden hacer algo por esa pobre gente. Borro los archivos temporales de acceso a los archivos para que no sospechen y vuelvo a trepar por la cuerda, pongo la rejilla y la atornillo a tiempo para ver como vuelve el operario, se sienta y sigue dando cabezadas.

Recorro los túneles de vuelta y termino mi jornada, no creo que hoy duerma mejor, como siga así terminaré volviéndome loca. Debería volver, con lo que he visto tengo de sobra para que el gobierno abra una investigación, pero estoy segura, no he rascado más que la superficie. Además, todavía no sé para qué quieren tantos cadáveres. Definitivamente mañana volveré a los túneles.

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Décima entrada)


MIÉRCOLES

Estados Unidos, Las Vegas, Mark & David, 29 y 27.

La noche ha sido realmente agotadora para ellos, sólo a las 7 de la mañana pudieron dar por terminadas las labores de tuneo de la “señorita Mariko”. Añadiendo relleno aquí y allí consiguieron acolcharla lo suficiente como para que no pareciera una tostadora, soldaron los implantes y remataron los bordes con masilla para suavizarlos. Cuando terminaron el montaje, David cogió el aerógrafo y tras dos horas quedó realmente decente. Mark la vistió y le colocó la peluca.

-Te ves radiante Mariko- comentó David para integrarse en el momento.

-Qué sabrás tú- le cortó Mark-, todavía es una como las demás de mi colección, todavía no me desea.

-Pero es un robot, no puede sentir lo que yo… lo que un ser humano puede sentir por otro.

-Como robot que es sólo necesito acceder a los controles de comportamiento y después comerá de mi mano movida por su deseo de agradarme.

- ¿Y cómo lo harás?

-El panel central debería estar en la cabeza- retiró la peluca y observó que el casco constaba de dos piezas a los lados y de una placa que, soldada a las anteriores, cubría la parte frontal. -Tú ve a por mi portátil, lo tengo en la habitación.

-¿Tú que vas a hacer?

-Simple, usaré una palanca para arrancar la placa frontal, luego volveré a soldarla.


Australia, Melbourne, Agnes, 80 años.

A primera hora del día le ha ordenado a Rupert que se quede quieto en el salón, tenía muchas esperanzas en que le hiciera compañía, pero es un robot, verle únicamente le recuerda lo sola que está. Ha llamado a la compañía y ha pedido la retirada del robot, se han negado rotundamente, no se admiten devoluciones. Mañana lo llevará a un orfanato que conoce, seguro que allí es más útil.

Pasa el día disfrutando de sus labores cotidianas, que le hacen olvidar su vacía vida, parando sólo para comer y a media tarde para pedir cita en el médico, necesita hablar con alguien y siempre hay gente dispuesta a una buena charla en la sala de espera. Además, así le pide recetas que en unos días le harán falta.

Dan las nueve y se sienta a cenar ante el televisor, cansada pero realizada. La cena le sabe a gloria sabiendo que ha sido un día muy provechoso, cuando llaman a la puerta.

Agnes se siente pletórica, encima tiene visita, el corazón le late raudo, se para, respira profundamente y se coloca un chal. Luego va a la puerta y la abre de par en par.

Tres veinteañeros, de vete tú a saber qué banda, la empujan al suelo mientras entran y cierran la puerta. Uno la lleva a empujones al salón y la ata a la mecedora, mientras otro comienza a desconectar todos los aparatos electrónicos y comienza a apilarlos en el recibidor. El tercero se sitúa ante ella y la mira tratando de aparentar más agallas de las que tiene.

-Dinos… donde están las joyas… y el dinero, vieja senil.

Eso es lo último que le faltaba, no iba a permitir que tres adolescentes malcriados le destrozaran la casa, qué diría la gente.

-Rupert, echa a estos chavales.

El robot se activa automáticamente, coge por la espalda al que estaba de pie frente a Agnes y lo lanza por la ventana, haciéndola añicos. El que había atado a la anciana coge el bate que llevaba y se lanza sobre el robot, éste detiene el bate al aire, tira de él y coge al chaval por el cuello, comenzando a apretar mientras lo arrastra hacia la salida, no llegará vivo.

-¡Para! – grita Agnes desesperada, el robot se queda completamente quieto.

En ese momento llega el del recibidor acompañado del que salió por la ventana, tumban al robot de empujón de los dos, luego entre los tres se lían a batazos con él, sobre todo en la cabeza, el casco sale rodando por el suelo.


España, Madrid, Jacobo, 13 años.

Jacobo llega a mediodía, les ha dicho a sus amigos que esa semana estaría muy ocupado en casa, esta avergonzado por enfadar a su madre y ha preferido mentirles.

Entra en casa llamando a Hervi, pero éste no contesta, en el salón no hay rastro del robot, ni de la comida, se dirige a la cocina y encuentra al robot quieto ante el frigorífico abierto.

-Hervi, no deberías tener el frigorífico abierto- le sermonea mientras cierra la puerta.

-¿Hervi?- el robot sigue sin moverse y una luz roja brilla en la cabeza, sobre la visera, bajo una serie de letras y números sin sentido para él.

El niño registra al robot de arriba abajo buscando el botón de encendido sin ningún existo, luego revisa la casa observando que la mayoría de las tareas están sin hacer, por lo visto el robot llevaba horas parado, debía estar roto, su mamá se iba a enfadar mucho.

¿O no?, era la ocasión perfecta para recuperar la confianza de su madre, si lo reparaba seguro que su madre volvía a quererle, sólo tenía que abrir la visera bajo la luz roja y seguro que allí estaba el cable suelto.

Recordó haber visto un soldador en el trastero, y si eso no servía, ya se le ocurriría algo, tenía por lo menos cuatro horas antes de que volviera su madre. Seguro que cuando llegue y vea el robot arreglado le perdona.

NUEVOS INQUILINOS "Lo de dentro" (Undécima entrada)


MIÉRCOLES

África, desierto del Sahara, instalaciones Thanos, Denis, 35 años.

No he podido pegar ojo en todo el día, para dos veces que he conseguido dormirme he acabado siendo descubierta y trasladada al antiguo laboratorio, esos cuerpos demacrados, esas caras, esos ojos vacíos pidiéndome que les ayudara y rodeándome hasta asfixiarme. Del último sueño me desperté gritando al ver a mi madre entre ellos, pero eso es imposible, mi madre está muerta.

Son las seis y tras la última pesadilla se me han quitado las ganas de quedarme dormida, me voy al gimnasio a descargar algo de esta tensión y me doy un baño caliente para tratar de relajarme un poco. No sé si esta noche seré capaz de volver a esos túneles oscuros, de hecho cada vez tengo más ganas de salir corriendo de aquí.

Pero sé que me faltan todavía piezas importantes del puzle, no sé cuál es la conexión entre todas las partes y jamás podré estar tan cerca de poder descubrirlo. Salgo de la ducha, me seco y me prometo a mí misma que pronto tendré todo atado y podré salir y hundir esta pestilente compañía.

Me pongo la ropa de trabajo y me relajo en la sala de vídeo con un documental… ¿de cucarachas?, la gente hace documentales de todo hoy en día, anda, pues no dicen que son capaces de sobrevivir una semana sin cabeza, la naturaleza está loca.

Da la hora y empiezo la jornada, según pasan las horas, la tensión y el agobio van volviendo. Llega la una de la madrugada y me dirijo a las cocinas de nuevo, las manos me tiemblan al retirar la rejilla, subo y enciendo la luz.

Todas estas noches he podido notar un ruido lejano de maquinarias, parece provenir de la parte más alejada del complejo, la parte opuesta a la zona para temporales, alejada para que ninguna persona externa pueda colarse. No sé con qué más pueden sorprenderme, pero seguro que se superan.

Comienzo a recorrer los conductos en dirección al ruido continuo y constante, a la media hora me envuelve completamente y amortigua mis pisadas, así que decido acelerar el ritmo. Comienzo a ver a lo lejos algo de luz, debe provenir de alguna sala iluminada.

Me asomo a las ranuras y distingo lo que parece una sala de montaje, poco a poco mi vista se acostumbra a la luz y distingo una camilla con una bolsa negra abierta y vacía, enfoco al fondo y lo comprendo todo, o lo que se puede comprender en un caso como éste.

Efectivamente es una cadena de montaje, veo como unos operarios introducen un cadáver en la armadura, lo anclan a su interior y se retiran, el resto está sistematizado. Sigo al cadáver con la vista sin poder evitarlo, le acoplan la parte delantera y la sueldan. Continúa avanzando con la cabeza asomando por la parte superior de la carcasa de metal, se bambolea de lado a lado según se mueve y se para. Dos brazos mecánicos se adelantan y sujetan la cabeza recta mientras una jeringuilla enorme baja hasta hundirse más allá del cráneo, luego un sonido de émbolo y los brazos y la aguja se alejan.

La cabeza cae bamboleándose y se queda estática mirando al suelo. Apenas dos segundos después comienza a… ¿temblar?, no, se convulsiona… El muerto dentro de la armadura intenta moverse, luego la cabeza se levanta con los ojos completamente inundados en sangre, visualiza al operario más cercano y comienza a salivar y a lanzar mordiscos en su dirección, la armadura se tambalea, el muerto se retuerce dentro de ella.

miércoles, 26 de agosto de 2009

NUEVOS INQUILINOS "La llamada"(Primera entrada)


-¡¡¡Ring!!!¡¡¡Ring!!!

-Mierda, ¿quién llama a estas horas?- preguntó mi mujer mientras casi me daba un ataque al corazón del susto.

-No sé- contesté rayando lo obvio -pero más vale que tenga una buena razón para llamarme a la… una de la madrugada de un jueves, joder, que mañana me levanto a las 6:00.

Encendí la lámpara y miré la pantalla del teléfono.

-¿Andrés? , ¿qué tripa se le habrá roto?

-Si es tu hermano vete al salón, que luego os tiráis tres horas hablando y me desveláis- sentenció mi mujer dándose la vuelta, mientras yo me calzaba e iba bostezando hasta el teléfono del salón.

-Más te vale…- dejé de hablar ya que no entendía lo que me decía desde que descolgué, o puede que ya hablara de antes. Aunque más que hablar, escupía las palabras a toda velocidad.

-Alberto, tienes que venir, sal de tu casa ya y… no sé, cógete un tren, pero que sea el primero que salga. Ven ya, no sé a quién llamar, la policía me tacharía de loco y sospechoso, estoy solo, me va a matar, me ha visto- tragó saliva y continuó - esos ojos, si es que eran ojos, no estaban en su sitio, me miraban desde dentro de las cuencas de sus ojos, desde dentro de su cabeza, sólo una mirada y quise estar muerto, a lo mejor debería hacerlo, cortarme las venas o algo más rápido. Luego desapareció, ¡¡mierda!!, ¡¡aaaaaah!!. Tu… tu… tu…

Cómo, no puede ser, como sea una broma le mato. A todo esto, ¿dónde está Tania?. Estaban juntos de vacaciones.

-¡¡¡Ring!!!¡¡¡ring!!!

-¿Dime?- conteste rápidamente.

-Soy yo- dijo la voz de mi hermano -sigo vivo, por ahora, pero me he caído por las escaleras y me he torcido el tobillo, iba a coger el coche, ir a la estación y esperarte allí, pero va a ser imposible.

-¡¡Din-dong!!

-Mierda, ya esta aquí, voy arriba, creo que la pistola de Tania aún sigue en nuestro cuarto.

NUEVOS INQUILINOS "La llamada"(Segunda entrada)


-¿Cómo?... espera, ¿pistola? ¿qué ha ocurrido?

-Llegamos el viernes y tuvimos una gran bronca- la voz se oía entrecortada debido a su coja ascensión de las escaleras pero se le entendía –ella decía que no pasaba una a la que no le mirara el culo, y tenía razón, pero eso no hace daño a nadie. Dame un segundo que bloquee la puerta de la habitación-. Tras los típicos ruidos de dejar el teléfono en algún sitio oí como movía varios muebles, luego sonó lo que supuse que eran las ventanas cerrándose.

-Ya estoy aquí- resopló un par de veces y continuó –por dónde iba, sí, yo al día siguiente, no, sí, sí al comprar el pan. La vi, ahora no me resulta tan atractiva, pero era una chica de revista, o nunca lo fue, pero estos días estaba despampanante, un cuerpo de diez, una piel suave como la seda. Si es que de verdad era piel…

-A ver, paso a paso, que me estas acojonando, ¿dónde está Tania?, dile que se ponga.

-No puede- dijo como dándose cuenta por primera vez, permaneció callado unos segundos y un gimoteo se unió a la conversación- está muerta, ese ser escamoso se la tragó entera, ya no está, y no volverá…

-¿Cómo?, ¿pero estás seguro?, a ver cuéntame qué ha ocurrido.

-Tania se había cansado de que flirteara conmigo todos estos días y fue a su casa.

-A casa ¿de quién?

-A la casa de la mujer diez, al chalet de enfrente, lo he visto todo a través de la ventana del salón- se quedó callado como no queriendo recordar lo pasado, por miedo a lo que vio, pero yo necesitaba saber qué pasó.

-Sé que es difícil, pero tienes que contarme qué ha ocurrido.

NUEVOS INQUILINOS "La llamada"(Tercera entrada)


-Estaban discutiendo, ya sabes que ella es muy dada a alterarse, al poco, cuando ya había decidido ir a buscarla, la mujer le indicó la puerta y se dio media vuelta. Fue entonces cuando el tema se desmadró, Tania la cogió del pelo y del tirón, se quedó con él en la mano, destapando una piel verde cieno. El ser de pesadilla se giró y la ensartó de lado a lado con tres garras que le surgieron del brazo, dios, fue horrible, la sangre salpicó todo a su alrededor. Pero lo peor vino después, el vestido comenzó a hincharse y rasgarse al igual que su piel, desbordándose fuera de su envoltorio una masa inmensa que se irguió hasta el techo, su piel viscosa comenzó a plegarse en la parte superior de ese engendro. Dios, sé que algo así no puede existir, era tan real, luego comenzaron a aflorar esos colmillos como coronando una especie de cabeza, eran incontables, si no había cien, era porque había más. Todos juntos hasta que se abrieron formando una boca de por lo menos un metro de diámetro y se lanzó sobre la ya exánime Tania-. Lloró unos segundos y luego siguió entre sollozaos -no pude seguir mirando, grité horrorizado y vomité hasta la primera papilla, fue entonces cuando levanté la mirada y la vi mirándome fijamente, apartó la mirada y desapareció del marco de la ventana.

Un crujido violento casi me manda al otro barrio del susto.

-Ya está aquí, los muebles no sirven, la puerta está cediendo…- la voz se parecía cada vez más a la de un loco.- No vengas, ya es tarde para mí.

-Click. Tu… tu…

Mierda, de qué va este tío, le vuelvo a llamar y el no contesta. Voy a la habitación en silencio y me visto sin despertar a Corín, no quiero que les pase nada a ella y a los niños.

Cojo el papel de la nevera con la dirección del chalet, dejo en su lugar una escueta nota ”si no vuelvo mañana, no me busques, os quiero. Alberto”

Llamo un taxi, de camino a la estación voy viendo seres extraños en las sombras de los callejones y en las ventanas oscuras de los edificios. Me monto en el primer tren y la cosa no mejora, fuera es de noche y toda esa oscuridad parece estar dándome la bienvenida. Trato de dormir pero las pesadillas se suceden, hasta que por fin llego a mi parada.

NUEVOS INQUILINOS "La llamada"(Cuarta entrada)


Vuelo hasta el primer taxi de la parada, aparto a una pareja joven y salto dentro, le grito la dirección al taxista, debido a los nervios, mientras cierro la puerta rápidamente y me pongo el cinturón.

En menos de un cuarto de hora sin conversación y con la mirada fija en las rodillas, para no mirar por la ventanilla, llegamos. Pago al taxista y observo el vecindario, oscuro y en silencio, salvo la ventana del segundo piso del chalet donde se supone que está mi hermano, ¿seguirá vivo?, espero que sí.

Cojo carrerilla y cargo con el hombro contra la puerta, una estupidez, sólo consigo acabar en el suelo con el hombro posiblemente dislocado.

Oigo unos pasos tras la puerta y me pongo en tensión, la luz del porche se ilumina y retrocedo poniéndome de pie, listo para salir corriendo y llamar a la policía.

-¿Alberto?- se abre la puerta y detrás aparece Tania mirándome sorprendida -¿qué haces aquí?, ¿ha pasado algo?

Resoplo y trato de calmar el acelerón que llevo en el cuerpo, esto no es real, se supone que está muerta.

-Tú… yo…

-Perdona, qué desconsiderada- dijo ella extendiendo el brazo para saludarme - pasa, tu hermano está arriba, en el dormitorio.

-Ah… sí, claro, buenas… noches- le doy dos besos más al aire que a ella, no quiero acercarme mucho. Subo tratando de no parecer tan asustado de tenerla detrás, ni tan ansioso por ver si mi hermano sigue vivo. Abro la puerta del dormitorio y localizo un bulto que se mueve en la cama, casi se me sale el corazón por la boca.

NUEVOS INQUILINOS "La llamada"(Quinta entrada)


-¿Hermanito?- la voz es inconfundiblemente la de Andrés, cuando se incorpora en la cama y le veo la cara lo constato. Algo dentro de mí comienza a calmarse y a dudar de todo lo anterior.

-Yo… - mi corazón comienza a calmarse mientras la llamada comienza a parecerme más una pesadilla que algo real.

Andrés se levanta, se acerca sin ninguna cojera y me pega una palmada en la espalda, sí de las que queman.

-Qué susto nos has dado, ¿se puede saber qué haces aquí a las seis de la mañana?

-La verdad es que no estoy muy seguro-. Puede que sea el cansancio o que realmente la llamada fuera un sueño, pero los recuerdos de esta noche se nublan en mi mente.

-Quédate a desayunar, baja al salón, Tania y yo nos vestimos y estamos contigo enseguida-. Salí pasando junto a mi cuñada.

-Ponte cómodo, no tardamos- me sonríe como siempre hace y comienzo a sentirme feliz. Parece que al final, sólo voy a perder un día de trabajo.

Llego al salón y me siento en una butaca grande, no puedo creerlo, estoy en un chalet en un pueblo playero cuando debería estar en casa levantándome para ir al trabajo, en qué estaría pensando.

-Oh, mierda, Corín. Será mejor que la llame y se lo explique, si es que yo mismo lo entiendo. ¡Mierda!, un momento ideal para quedarme sin batería.

Le cojo el móvil a mi hermano de la mesa del salón, una llamada perdida, será Corín. La miro, Alberto de la una y veinte de la mañana del viernes.

lunes, 24 de agosto de 2009

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Primera entrada)


Todo empezó como uno de los días más felices de mi vida, hoy era uno de esos en los que todo parece salir redondo, los padres de Marta, mi mujer, es decir, mis suegros, que llevaban varios meses apalancados en la habitación de invitados, se volvían a su casa en Madrid. La reforma había terminado por fin y esa misma tarde cogían un avión, bendito día.

Por si eso no fuera suficiente, me habían llamado del trabajo por una emergencia. A ver, era del servicio de rescate de alta montaña, con lo que cualquier llamada es una mala noticia. Pero yo solicité este destino hará cinco años, en mitad de la cordillera cantábrica, sólo por una razón, la reserva de conservación y reproducción del oso pardo.

Supuse que estando cerca y encargándome de la seguridad de esas montañas podría verlos regularmente, pero el acceso estaba altamente restringido. En todo el tiempo que llevaba allí, era la primera vez que iba a visitarlos, estaba pletórico.

Aunque la emoción me inundaba todo el cuerpo, no podía evitar estar preocupado. La llamada de auxilio se había realizado desde el centro de conservación, que por lo que sabía estaba muy bien equipado. Además, la comunicación se cortó antes de especificar el problema y los sucesivos intentos de contactar con ellos fueron inútiles, así que se había llamado a todo el personal.

Yo y mis tres compañeros del helicóptero subiríamos primero, los equipos de los dos todoterreno esperarían noticias del equipo aéreo y servirían de apoyo. Antes de subirme al helicóptero, llamé a mi mujer, que estaba en el aeropuerto dejando a sus padres. Tras un rato de conversación empalagosa, le informé de la situación, esta vez no iríamos juntos en el helicóptero, ya que teníamos que salir lo antes posible, ella estaría en el equipo de apoyo. Por alguna extraña razón, me tranquilizó el hecho de que se quedara en la base.

Me había costado convencerla de que no había otra solución y aún así, sólo lo conseguí tras prometerle siete veces que tendría cuidado. nos conocimos en los cursos de salvamento aéreo, desde entonces no nos habíamos separado más que dos veces, siempre nos fue bien juntos. De esas dos veces, una estuve con pulmonía y no pude acompañarla, la otra vez fue un desastre. Rubén, uno de mis compañeros, llevaba raro varios días, cada vez más, estaba obsesionado con que algo lo seguía, algo que no era capaz de ver.

Ese día temblaba continuamente, no paraba de repetir que lo había visto, que no tardaría en venir por él y le mataría por descubrirlo. Todos los demás se reían, pero yo sabía que no era una alucinación, sus ojos mostraban un miedo que no eran capaces de contener, algo iba a ocurrir y no podía dejar que Marta estuviera cerca, así que convencí a mis compañeros para salir antes de que ella llegara.

En pleno vuelo algo chocó repetidamente con las paredes exteriores del helicóptero, luego colisionó con la hélice y dobló el eje, nos precipitamos a tierra. Rubén salió despedido de la cabina y nunca volvimos a verlo, la nieve amortiguó la caída, pero el resto de compañeros murieron en el accidente. Los que no murieron en el choque sucumbieron al frio extremo, yo, por mi parte, perdí tres dedos del pie derecho por congelación. Los equipos terrestres, al mando de Marta, me salvaron más muerto que vivo. Pero ambos sobrevivimos. Sólo espero que esta vez no se me acabe la suerte.

Revisamos el equipo y el helicóptero se elevó camino de la reserva, hacía un día muy luminoso, sin duda alguna iba a poder disfrutar de unas vistas excepcionales. Por desgracia, así fue.

Al poco de entrar en el perímetro vallado de la reserva, comenzamos a ver animales muertos por todas partes, pájaros, roedores… toda la fauna de la zona parecía haberse puesto de acuerdo para morir el mismo día, cada vez pintaba peor la emergencia. Por razones de precaución, nos pusimos las máscaras antigás que llevábamos en el equipo, todavía no sabíamos que las máscaras no nos servirían para nada.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Segunda entrada)


Después encontramos el primer oso pardo agostado en la nieve, En esta epoca del año deberia estar hibernando, encontrarlo en el exerior no era muy buena señal. Les convencí para perder un poco de tiempo y recoger algunas muestras del animal, no fue una gran idea, como todo en general ese día.

Aterrizamos y fui el primero en salir disparado hacia el oso, pero no pude acercarme a más de tres metros, el animal estaba quieto, con todos los músculos tensos del puro dolor que parecía sentir, pero no se movía ni un ápice. Parecía como encerrado en su propio cuerpo, enterrado en vida, sobrepasado por el dolor y agonía, pero sin poder siquiera gritar, jamás había visto algo así.

Antón me adelantó sin que lo notara, estaba como desconectado. Fui incapaz de oír a mi compañero pidiéndome el maletín de las muestras hasta que Juana, su hermana, que venía detrás, me avasalló quitándome el bulto que sujetaba en la mano.

-Reacciona Carlos, esto fue idea tuya- comentó mientras me espabilaba del shock. –No sabemos qué ocurre, así que tenemos que darnos prisa en llegar a las instalaciones.

Los hermanos tomaron las muestras y volvimos al avión, por lo visto Juana le localizó el pulso al oso, aunque débil seguía vivo, pero tenía muy mala pinta. En ese momento, sólo queríamos volver a elevarnos con el helicóptero y alejarnos de la zona. A lo largo del camino todos los animales que divisamos parecían postrados con los mismos síntomas o estaban ya muertos, desde el cielo no se distinguía con claridad.

Al llegar a las instalaciones, las encontramos completamente desiertas, estaba oscureciendo y decidimos descender lo antes posible, ya inspeccionaríamos la zona desde el suelo, sin duda fue otra mala idea.

El aterrizaje no fue ningún problema, se acercaba un temporal de nieve que por lo visto duraría toda la noche, solo quedaban dos horas para que anocheciera, es lo que tiene el invierno, anochece muy pronto. No nos habíamos alejado más que unos pocos pasos del helicóptero, camino del edificio principal, cuando varios disparos nos pusieron en alerta y una gran explosión nos tiró al suelo violentamente.

Nos levantamos como pudimos, Antón cojeaba y todos estábamos medio sordos, mientras nos reagrupábamos pudimos ver que la explosión había sido nuestro helicóptero, nuestra única vía de escape de ese infierno. A cada minuto todo parecía más surrealista, ¿quién nos llamaría para luego volar nuestro transporte?

Un disparo nos sacó de nuestras cabalas y nos hizo mirar a la izquierda del helicóptero, rodeándolo y acercándose hacia nosotros, un hombre con bata blanca nos apuntaba con una pistola.

-No muevan ni un músculo, o no dudaré en usarla-. El supuesto doctor volvió a encaminarse hacía nuestra posición -si siguen mis instrucciones puede que alguno de ustedes salga vivo de aquí.

La amenaza no sentó bien y Klaus, el compañero que sustituyó a mi mujer en el helicóptero avanzó un paso con intención de replicarle, el doctor apretó el gatillo y la bala colisionó con la nieve a los pies de Juana.

-No se confundan, no era mi intención fallar, simplemente no soy soldado y no sé usar un arma, pero dispararé a matar en todo momento-. Quedó bastante claro que estábamos en sus manos, así que seguimos sus indicaciones hasta que nos metió en un almacén de unos cuatro metros cuadrados y cerró la puerta con llave. -Yo que ustedes no tocaría a ningún ser vivo si no quieren acabar como los demás, y si alguien se les acerca, no duden en alejarlo como les sea posible. Sólo evitando el contacto, evitarán que ellas entren en su cuerpo.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Tercera entrada)


Antón saltó sobre la puerta e intentó abrirla con todas sus fuerzas, pero no logró nada.

-¡No nos deje aquí!, por lo menos explíquenos qué es lo que está pasando- suplicó Juana aporreando la pared del edificio.

-No gastaré saliva inútilmente, si siguen vivos y pueden moverse dentro de siete horas, les pondré al corriente de lo ocurrido, o por lo menos les contaré lo que yo sé-. Pudimos oír cómo se alejaba por la nieve mientras maldecía y despotricaba sobre todo lo que le rodeaba.

Seguimos las indicaciones del loco de la bata y nos colocamos cada uno en una esquina del almacén, Antón insistió en esperar abrazado a su hermana, pero ella se negó. Nosotros no nos lo esperábamos, pero ella ya lo sabía, por lo que dijo el doctor supo que era demasiado tarde para ella. Nosotros no lo vimos, pero para tomarle el pulso al oso se quitó el guante, si todo era cierto, no tenía salvación.

A las dos horas empezó a respirar con dificultad, tosía cada dos por tres, pero eso sólo era el primer síntoma que descubrimos nosotros. Llevaba casi hora y media sufriendo un gran dolor que le subía por el brazo, la mano con la que tomó el pulso al oso colgaba inerte sin que pudiera moverla, pero ella aguantó todo lo que pudo.

Fue cuando el dolor terminó de subir el brazo y comenzó a expandirse por el pecho y abdomen cuando no pudo aguantar más, comenzó a gritar como si la desollaran por dentro, a llorar y golpearse el pecho con el brazo izquierdo de impotencia.

Antón salió corriendo hacia su hermana, pero ésta, que le vio aproximarse con el rabillo del ojo cogió un tablón del suelo con el brazo que todavía le respondía y lo interpuso entre ellos.

-O se te ourra aercar a me-. Parecía que la garganta ya estaba afectada, lo que la estaba matando avanzaba muy rápido.

Klaus y yo cogimos un par de tablones y ayudamos a Juana a mantener a su hermano a distancia, era lo único que podíamos hacer por ella. Nos miró con un gesto de inmenso dolor y trató de dedicarnos una sonrisa para agradecernos lo que hacíamos, pero sólo pudo levantar levemente la comisura de los labios.

A las cinco horas yacía en el suelo con algunas convulsiones esporádicas, sin poder mover un solo músculo y con los ojos inundados de dolor e impotencia. Antón se golpeaba la cabeza contra la pared en la esquina opuesta mientras se maldecía por no haber podido hacer nada, aún ahora que yacía casi muerta en el suelo no podía ni acercarse a consolarla, ya que de vez en cuando las convulsiones eran tan violentas que salpicaba sangre por la boca a poco más de dos metros de distancia.

No sabíamos si podía contagiarse también por los fluidos, pero supusimos que sí, así que alejamos a Antón hasta la esquina y le mantuvimos allí. A las seis horas se quedó rígida y no volvió a tener ningún espasmo, aunque parecía muerta sus ojos descubrían lo contrario, ella seguía sufriendo por dentro igual que antes.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Cuarta entrada)


-¡Túuuu!- dijo Antón dejando de golpearse la cabeza y girándose hacia mí- tú la sentenciaste a muerte. Tú eres el que debería estar pudriéndose vivo en una esquina, tú nos hiciste bajar, tú te bloqueaste y ella tomó tu lugar y se infectó. ¡¡Te mataré!!.

Dicho esto, se lanzó a manos descubiertas sobre mí, tuve la bastante agilidad como para reaccionar a tiempo e interponer un tablón entre nosotros y Klaus aprovechó una tela enorme para lanzársela encima y placarle en el suelo antes de que se zafara de la madera que se interponía entre los dos.

Dejé el tablón en el suelo y me acerqué para destaparle la cabeza a Antón para que pudiera respirar y poder pedirle perdón a la cara. Tenía toda la razón, yo tendría que estar en el lugar de su hermana, y si tras calmarse todavía seguía queriendo darme una paliza, le dejaría. Antes de que tocara siquiera la tela el preso volvió a hablar.

-¡¡Suéltame Klaus!!. Tú deberías estar ayudándome en lugar de sujetarme, no deberías estar aquí, deberías estar seguro en la base y Marta aquí, él sabía algo.

Por un momento, pensé que le iba a soltar, pero Klaus me miró fijamente a los ojos y debió ver la gran culpa que me comía por dentro, porque agarró a Antón con más fuerza .

-No busques culpables de lo ocurrido entre nosotros- dijo mientras forcejeaba sobre la tela. -Todos nos pusimos las máscaras por el riesgo a contagiarnos, no debió quitarse los guantes en ningún momento. Sé que es frustrante, pero ni siquiera tú eres culpable de lo que le ha ocurrido.

El bulto bajo la manta paró de revolverse y Klaus se apartó quitándole la tela de encima. Antón estaba completamente hundido, las lágrimas fluían por su cara a raudales.

-Era mi hermana, es mi hermana, la pequeña, mi madre me encargó que cuidara de ella, tenía toda una vida por delante, un novio que jamás aprobé y que ella defendía a ultranza, una casa a medio pagar de la que estaba muy orgullosa. - Se secó las lágrimas como pudo y nos miró a los dos con los ojos completamente llorosos- no tuvo tiempo de tener hijos… era su mayor sueño, tener muchos críos correteando por su maravillosa casa, ¿como podré volver a mirarme a la cara?, la estoy dejando morir en una choza de mala muerte, sin siquiera poder abrazarla, ésta no es manera de morir, ella se merece más-. Klaus sacó un paquete de tabaco del bolsillo de su camisa y le ofreció uno -dejé de fumar hace mucho tiempo, pero creo que es el mejor momento para volver. Como la última cena de un preso del corredor de la muerte, ¿no?

-No vamos a morir- aseguró Klaus- tendrás una larga vida por ella y si tienes una hija la llamarás Juana y te recordará a la gran hermana que tuviste, te protegió para que siguieras viviendo estando ella a las puertas de la muerte. Es para sentirse orgulloso.

Después apenas hablamos, todos estuvimos cabizbajos mirando de refilón a Juana, el sacrificio por nuestra supervivencia. A las siete horas se desato la ventisca y a las ocho horas de estar encerrados en la caseta la puerta se abrió.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Quinta entrada)


-Salir de uno en uno y no hagáis locuras, parece que habéis tenido suerte-. No podía haber elegido peor las palabras.

Antón cogió un tablón y salió por la puerta corriendo hacia el supuesto doctor. Nos pilló tan desprevenidos que ninguno reaccionamos, para cuando quisimos salir a cogerle ya había atravesado el estomago de nuestro captor y le estaba ahogando sobre la nieve teñida de sangre -¡¡¡Muereeeee…..!!

-¡Antón no!- grité mientras salíamos de la caseta tras él, Klaus lo cogió por detrás mientras que yo trataba de aflojarle los dedos, pensé que lo estrangulaba antes de que pudiéramos soltarle. -Sólo él sabe lo que ocurre aquí, le necesitamos para sobrevivir, se lo debemos a tu hermana.

Antón acabó aflojando su presa antes de partirle el cuello, pero aun así se desangraba por el abdomen como si fuera una cascada. No le quedaba mucho tiempo.

-Dinos que ha ocurrido aquí, seguro que podemos parar los síntomas y a lo mejor salvar la vida de los infectados.

-No podéis, no lo entendéis, no es un virus, es el mal en estado puro. Tenéis que congelar a todos los infectados, sólo así morirá lo que llevan dentro, ni el fuego puede con ellos.

-¿Ellos?, está loco, yo no he visto nada, hemos hecho caso a un loco y mi hermana ha muerto, definitivamente te mato-. Klaus le agarró con más fuerza.

-Sólo sé que esto no debía haber ocurrido, fueran lo que fueran la raza que encontramos bajo estas montañas, se habían encargado de encerrarlas con ellos bajo toneladas de piedras-. Tosió expulsando algo de sangre, se humedeció los labios, paladeó el sabor metálico de la sangre y prosiguió -pero no contaban con el ser humano y su costumbre de amoldar todo a su alrededor, los dos primeros casos fueron trabajadores de un proyecto que había para hacer un túnel que atravesara las montañas. Cuando encontraron los primeros rastros de una civilización desconocida, el gobierno entró en juego, ese mismo día varios helicópteros del ejército aterrizaron en la explanada de las obras y descendimos a las cuevas, varios doctores, entre los que estaba yo, una veintena de soldados y un alto cargo con ganas de ascender más todavía.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Sexta entrada)


No paraba de sangrar, así que me acerqué hacia el tablón con intención de quitarlo y aplicar un torniquete, pero él me indicó que me parara.

-Sabes de sobra que no tengo solución, en cuanto que me saques la tabla mis intestinos se desparramarán por la nieve, déjame que termine de poneros al día, sois la última solución al problema.

-Como quieras- dije mientras ponía mi mochila bajo su cabeza para que estuviera lo más cómodo posible.

-El alto cargo al mando clasificó la operación como de alto secreto, clausuró la zona con la excusa de la reserva y durante años estuvimos investigando los restos. Llegamos a la conclusión de que eran una especie alienígena, ya que no se parecían ni de lejos a ningún ser terrestre. Aunque se barajaron muchas hipótesis, la de los seres de otro mundo era la más plausible.

-Así que fueron los malditos bichos grises de enormes ojos negros…- espetó Antón empezando a desbocarse otra vez.

-No eran grises ni de grandes ojos negros, pero ése no es el problema, ya que ellos fueron los que contuvieron hace eones el mal que nos acecha ahora-. Volvió a toser con insistencia y esta vez vomitó una gran cantidad de sangre. -Me queda poco, así que tendré que dejar que los detalles se pierdan en el olvido, ya que soy el único superviviente.

-¿No queda nadie más?- pregunté extrañado, estaban muy bien equipados, el ejército siempre tiene los mejores recursos, y aún así no queda nadie.

-Sí, todos resultaron infectados, tuve que aislar los cuerpos, altamente contagiosos, y buscar una manera de acabar con ellos. Me serví de animales para intentar acabar con el contagio. Pero todo lo que probaba era inútil, no conseguía acabar con la plaga y se me amontonaban los animales contagiados por la plaga.

-¿Plaga?, querrá decir virus- anotó Klaus bastante asustado. –Además, ¿cómo sabemos que no se transmite por el aire también?

-Ya os he dicho que no es un virus, cuando analicé las primeras muestras al microscopio las vi-. Un escalofrío convulsionó al doctor provocando que la sangre de su boca se derramara por la mandíbula. Se la limpió como pudo y continuó -la parte inferior constaba de entre diez y quince tentáculos con los que se movían o se sujetaban a lo que las rodeaba, la parte superior estaba coronada por una boca redonda con diversas capas de dientes altamente afilados y rodeada de entre ocho y doce tentáculos, armados con una hilera de cuchillas con las que desollar y trocear su alimento, nosotros. Rodeando la boca tienen lo que parecen unos ojos negros como la noche, uno por cada tentáculo. Y eso no es lo peor, parece ser que mientras comen, en sus desechos liberan embriones que maduran en menos de tres horas. No paran de reproducirse hasta que carecen de células que comer, y aún en ese momento no se mueren, emigran a la parte exterior del organismo infectado donde hibernan esperando a la siguiente víctima.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Séptima entrada)


-Pero habrá alguna manera de acabar con ellos- suplicó Klaus al borde del pánico.

-Lo descubrí cuando los animales del laboratorio se escaparon, el frío altera sus hábitos, las vuelve más voraces, la infección acaba con la víctima en una quinta parte de lo normal, y no sólo eso, una vez que terminan con todo el alimento se matan entre ellas, cuando ya no tienen ni compañeras que devorar comienzan consigo mismas.

-Entonces estamos salvados, esta nevando y es de noche, en estas condiciones de frío tan extremo ellas morirán.

-Por suerte estás casi en lo cierto.

-¿Casi?- pregunté esperando el pero.

-Todas las que están en los cuerpos infectados en el exterior morirán esta noche, Pero tenemos un problema en el interior de la base. Allí el calor esta a tope para ralentizar los efectos de la plaga, intentan encontrar una cura, pero sólo prolongan lo inevitable.

-¿Intentan encontrar una cura?, ¿no eras el último superviviente?

-Los de ahí dentro están ya muertos, sólo que no lo aceptan, ponen en peligro a toda la población con tal de salvarse. Tenemos que volar las instalaciones, es la única forma de detenerlas.

-O sea, sólo tenemos que entrar, saludar a los de dentro y poner en marcha la autodestrucción de la base- ironizó Antón.

-Algo así, aunque los de dentro tienen las órdenes de infectar y neutralizar a todos los que entren. El capitán está horrorizado con la idea de la muerte y se agarrará a un clavo ardiendo con tal de salvarse, lo que se niega a asumir es que un vez entran en tu cuerpo, ya no tienes futuro.

-¿Cuánto tiempo les queda de vida?- pregunté.

-Tienen el cerebro medio comido, sólo recuerdan que tienen que mantenerse vivos y neutralizar a todo el que esté sano. El problema es que están a más de cuarenta grados, con lo que podrían sobrevivir otro día entero antes de caer en estado vegetativo.

-¿Y por qué no esperamos o les quitamos la energía?- sugirió Klaus.

-Lo de esperar queda descartado, eso pensé yo y al poco llegasteis vosotros. Cuanto más tiempo pase, mayor riesgo de que lleguen refuerzos a la base y se nos vaya de las manos. Hay que contenerlo ahora que podemos. Respecto a lo de dejar la base sin energía, es imposible desde fuera, es autónoma, los generadores de energía están en el penúltimo piso y es lo que utilizaremos para volarla por los aires.

-¿Volarla será una buena idea?, acaso no parece venirles bien el calor, puede que el fuego las vuelva peores- había que evitar empeorar más aún la situación.

-Hay varios sistemas de autodestrucción, dependiendo de las resistencias de la entidad investigada. Aseguraos de introducir las claves para “visita de papa Noel”, eso estallará una bomba de nitrógeno, bajarán las temperaturas a menos cien grados en pocos segundos, provocando una gran explosión interna y congelándolo todo a su paso.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Octava entrada)


-¿Con nosotros dentro?- preguntó Antón adelantándose a los demás.

-Ustedes saldrán antes de que vuele, todas las instalaciones de este tipo tienen un sistema de destrucción por si caen en malas manos. Han demostrado que no están infectados, no existe ninguna razón para que mueran, siempre y cuando se mantengan limpios.

El plan parecía estar muy bien atado, altamente peligroso, pero muy claro. Sólo me quedaban un par de dudas que esperaba resolver antes de que el doctor muriera. Primero le dejé que nos explicara como activar el detonador, por lo visto necesitábamos una libreta de códigos que llevaba el capitán siempre encima, y la llave de activación del investigador jefe, nos pidió que la cogiéramos de su cuello.

-Bueno, ya sabemos lo que tenemos que hacer, ahora me gustaría preguntarte un par de cosas- le informé mientras me guardaba la llave.

-Todo lo que quieras.

-Bien, en primer lugar, ¿quién fue el que realizó la llamada?, fuiste tú, ¿verdad?

-No, yo fui el que cortó la transmisión.

-¿Por qué hiciste algo así si necesitabais ayuda?

-Muy sencillo, no buscaban ayuda, buscaban conejillos de indias-. El doctor se cogió la tripa a la par que le daba una gran sacudida de dolor. -Seré breve- esputó algo de sangre y se limpió con la manga de la camisa. -El capitán sabía que si salía de la base, el proceso se aceleraría, así que la única manera que le quedaba de conseguir especímenes para probar las vacunas era que vinieran por sí mismos.

-Ese capitán se ha vuelto un poco loco- afirmó Antón y nadie le contradijo.

-O sea, para que me aclare, lo que tenemos que hacer es entrar en una base infectada de zombis y explotar la sala de energía, saliendo del recinto antes de que estalle. ¿Me he dejado algo?

-Sí, lo mas importante, no se trata de zombis, se trata de seres humanos infectados y altamente contagiosos. La parte buena de esto es que no tendréis que preocuparos con que os coman el cerebro, pero con un solo roce acabaran con vuestras esperanzas de vida. Si queréis que la raza humana sobreviva alguien tiene que llegar hasta el reactor y detonarlo.

-Nosotros lo haremos, los de hay abajo no deberían moverse con mucha agilidad, así que iremos rápido y saldremos lo antes posible.

-Id con cuidado- dijo el jefe de investigación entregándonos una mochila -las armas las guardó todas el capitán, pero conseguí una pistola de clavos y una motosierra de mano, la sierra armará mucho ruido, intentad no utilizarla. ¿Os queda alguna duda?, sed breves

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Novena entrada)


-Es usted un profesional en evitar a la gente, ¿no?-. El doctor tenía algún secreto escondido y tenía que sacárselo. -Una base del ejército con el capitán y todos los demás soldados y trabajadores infectados y el único que se salva es el investigador jefe. ¿No le parece un poco raro?

-Esa explicación es muy sencilla, sufro una fobia que me ha facilitado centrarme en mis investigaciones y ser de los mejores en mi campo, soy incapaz de soportar el contacto físico. Los reflejos instintivos que he desarrollado me han mantenido vivo ahí dentro, ahora sólo me arrepiento de no haber tenido algo de vida social que echar de menos.

-Lo siento por usted, le llevaremos a algún sitio resguardado para que no sufra las inclemencias del tiempo.

-No- me interrumpió el doctor -dejadme aquí, sólo sacadme este madero antes de iros.

-Pero te desangrarás- dije más por el reparo de quitar una vida que por remarcar lo obvio.

-Yo lo haré- dijo Antón adelantándose y cogiendo el madero con los dos brazos.

-Marchaos, sin duda oirán el grito y vendrán, cualquier ser humano que no esté muerto les viene de perlas para sus pruebas.

-¿Qué le harán?- pregunté.

-No les dará tiempo, moriré desangrado en unos instantes, marchaos.




Cabizbajos nos alejamos hasta un coche volcado y lo usamos de parapeto para observar la situación, con suerte no saldría nadie de la base y podríamos enterrarle en la nieve. Pero no nos dieron esa opción, en pocos minutos se abrió la puerta y un palo con un gancho salió del interior, ensartó al doctor y lo arrastró a dentro. El que manejaba ese gancho no parecía muy afectado por los pequeños alienígenas del doctor, eso no nos venía nada bien.

Aguardamos media hora, no fuera que nos estuvieran esperando, y nos acercamos a la puerta. Según el doctor, el camino a los ascensores era fácil, sólo teníamos que seguir el pasillo principal hasta topar con ellos, una vez allí coger el elevador del centro y bajar diez plantas. Los otros dos ascensores sólo bajaban hasta la séptima planta. Una vez allí, seguiríamos el pasillo y al final estaba la sala de control de energía, donde encontraríamos el panel que buscábamos.

Esa parte estaba clara, lo que no sabíamos tan seguro es dónde estaría el capitán y con él, los códigos de seguridad. Había un par de opciones, la más lógica era la sala de control, en la última planta, es decir, bajo la central energética. La otra opción era la sala de oficiales al lado del arsenal, aunque menos probable, no podíamos dejarla sin revisar, estaba en el quinto piso, a mitad de camino. Debíamos ir rápido, ya que el equipo terrestre de rescate saldría a mas tardar al alba, la base debía saltar por los aires antes de que Marta llegara. Sólo quedaba una opción, separarnos.

Abrimos la puerta y para nuestra sorpresa nadie nos esperaba al otro lado, las luces funcionaban perfectamente y comenzamos a sudar en cuanto entramos, sin duda la temperatura superaba los cuarenta grados.

La iluminación era óptima y todo parecía funcionar perfectamente, espero que lo solucionemos pronto. La pistola de clavos se la quedó Klaus, la motosierra Antón y yo me guardé la pistola de bengalas con los cuatro cartuchos que llevábamos en el poco equipo que cogimos al bajar del helicóptero.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Décima entrada)


Avanzamos por el pasillo hasta llegar a las puertas de los ascensores, Antón llamo al de la izquierda y yo al de en medio. Llegó primero el suyo, montó y nos dijo que nos vería en la sala de máquinas, no se le veía muy convencido, al rato llegó el nuestro. “Ding, primera planta, vestíbulo”.

La puerta se abrió y casi no me da tiempo a echarme a un lado antes de que un soldado me noqueara de un golpe, por suerte, más que apartarme, me resbalé y caí al suelo antes de que me tocara. Sus movimientos eran bastante rápidos, algo ralentizados por la infección, pero apenas se notaba. Klaus lo golpeó con un tablón y lo derribó a un lado del ascensor, descargó seis clavos en la cabeza del soldado y luego lo clavó al suelo con dos clavos en cada muñeca y tobillo.

Del cuerpo no salió ni una gota de sangre, la infección estaba siendo muy diferente, tanto calor había alterado en exceso a esos hijos de puta. Inspeccionamos el interior del ascensor y tras comprobar que estaba vacío, entramos y marcamos la décima planta.

Durante todo el descenso no parábamos de mirar los números encenderse, apagarse y luego el siguiente, dentro de esa caja estábamos a su merced.

El ascensor nos advirtió de la llegada, “Ding, décima planta, generador y red de suministros”, la puerta se abrió y dos soldados entraron avasallándose el uno al otro, para acabar chocando contra el fondo del ascensor. Estuvieron un rato revisando el interior, sabían que había alguien, pero no les quedaban neuronas suficientes como para mirar en el techo, lo que nos permitió seguir limpios.

Nos sirvió para comprobar la vigilancia que tenían en la planta a la que íbamos, una vez salieron y se cerró la puerta, descendimos dentro del ascensor y subimos. Cuando llegamos a la novena planta, ambos nos escondimos a los lados de la puerta del ascensor, al abrirse un hombre con una bata ensangrentada entró tambaleándose, parecía bastante afectado por la plaga.

Aproveché su propio impulso para empotrarle contra el fondo del ascensor con el tablón, grito y se giró violentamente hacia mí con los ojos perdidos. Antes de que se me echara encima Klaus le atravesó la garganta con un par de clavos, lo que lo ancló al fondo del ascensor. Luego le descargó no menos de cuatro clavos en la cabeza y dejó de moverse.

Salimos del ascensor y tuve una intuición, el frío acababa con ellos, miré a ambos lados y lo encontré, un extintor, dejé la pesada madera y me lo agencié, lo probé y… ¡¡bingo!!, extintores de hielo líquido. Después de años experimentando con estos bichos era lógico que reforzaran las medidas de seguridad con equipos que congelaran a estos pequeños cabroncetes. Como era de esperar, había escaleras a ambos lados del ascensor, bajamos el primer tramo de escaleras escuchando atentamente los ruidos que nos llegaban de abajo, no parecía que hubiera nadie en el rellano, así que bajamos y abrimos ligeramente la puerta de la décima planta.

Antes de que pudiera ver nada me incrustaron la puerta en la cara y salí volando contra la pared. El soldado que me esperaba tras la puerta intentó entrar, de hecho su brazo izquierdo entró, pero Klaus cerró la puerta antes de que entrara del todo partiéndole el brazo por el codo al cerrar la puerta, esta vez tampoco salió sangre.

Me preparé tras la puerta y mientras mi compañero la abría yo rocié parte del extintor sobre el soldado. Gritó, saltó atrás y cayó al suelo comatoso. Antes de que pudiéramos reaccionar el otro soldado que custodiaba el ascensor intentó entrar por la puerta, Klaus, que parecía más despierto que yo le clavo el tablón en el pecho y lo placó contra una esquina del descansillo, chillaba y se retorcía como si en ello le fuera la vida, y así era. Le rocié hasta que el extintor se quedó vacío, luego Klaus se apartó y el soldado cayó al suelo haciéndose añicos.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Undécima entrada)


Entre y cogí un extintor junto al ascensor, le indiqué a Klaus que bajara a por los códigos, yo limpiaría esta planta y le esperaría junto al generador. Él se dió media vuelta y me indicó que volvería lo antes posible.

Pude ver por el rabillo del ojo que un investigador con bata venía arrastrando la pierna derecha por el pasillo a la izquierda del ascensor. El extintor no me duraría mucho, así que miré a mí alrededor y vi un carrito del reparto de correo, deje mi arma sobre él y empecé a correr por el pasillo, el infectado de la bata se incrustó en el carrito y los choqué a ambos contra la pared final del pasillo.

Miré a mi alrededor, por el momento no parecía que viniera ninguno más, cuando me quise girar hacia el infectado ya se había recuperado y trataba de alcanzarme con los brazos, cogí un perchero de pie y comencé a aplastarle como si fuera un bate de beisbol. Lo que quedó de él fue un amasijo de carne con infinidad de agujeros, paré porque un ruido a mi espalda me alertó de la llegada de otro infectado.

Me giré y vi llegar corriendo a otro de esos bastardos con bata. Di la vuelta a la mesita con ruedas, cogí el extintor y de una patada la empujé contra él, la paró y la apartó al interior de una habitación. Un enfrentamiento tan directo era peligroso, más con tanto espacio para que esquivara la barra, así que localicé la habitación más cercana y me colé dentro cerrando tras de mí.

Por suerte la sala de reuniones estaba vacía, coloqué la sólida mesa frente a la puerta, preparándome con la barra para ensartarlo en cuanto abriera. De repente, algo se movió a mi izquierda, antes de que pudiera girarme y ver lo que se me venía encima, la cristalera que separaba los despachos cedió, apareciendo el infectado. Por suerte para mí, reaccioné a tiempo, la barra del perchero lo atravesó y lo detuvo a un metro de mí. Entonces el “cacho carne” se miro el abdomen ensartado, cogió la barra con ambas manos y empezó a hundirla en su tripa, acercarse rápidamente a mi.

Lo lancé al suelo de una patada y cogí el extintor, le rocié por lo menos medio contenido antes de que parara a comprobar si seguía moviéndose. Al verle en estado catatónico, me derrumbé en el suelo y me abracé a mi salvador. No parecía venir nadie más, pero no podía bajar la guardia. Algunos estaban tan perjudicados que parecían zombis de la vieja escuela, fáciles de esquivar , mientras que otros parecían pensar todavía con bastante claridad, además de moverse más rápido y tener más fuerza que un humano normal.

Recobré el aliento y volví lentamente, en silencio y con el extintor en la mano hasta el ascensor, siempre buscando sustituir el que llevaba a medias. Parecía que las cosas no iban tan mal cuando de repente sonó detrás de mí.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Duodécima entrada)


“Ding, décima planta, generador y red de suministros”, dí un salto alejándome del ascensor completamente acojonado, preparé el extintor con su última carga, cuando se abrió una voz me tranquilizó.

-¿Chicos?- era Antón, que por lo visto había acabado de revisar la planta del arsenal.

-Menos mal que eres tú- le contesté.

Sin venir a cuento, levantó una pistola y disparó rozándome el hombro derecho y obligándome a soltar el extintor del dolor. Salté a un lado antes de que volviera a dispararme y me colé dentro de la que resultó ser la sala de herramientas.

-No huyas, sólo pospondrás lo inevitable, te acabarás contagiando igualmente, sólo necesitamos tiempo para investigarlos y podremos curarnos.

No había duda, estaba contagiado, debía acabar con él antes de que Klaus volviera o sería un problema.

-Dame la mano y seamos amigos, no tiene por qué dolerte más.

Miré a mí alrededor, algo me tenía que valer para acabar con él.

-Los doctores ya lo tienen casi controlado, en unos días estaremos curados y podrás volver con tu mujer. Yo saldré a recoger a Juana y podremos seguir ayudando a la gente.

Marta, no me había acordado de ella en todo este tiempo, el equipo terrestre podía aparecer en cualquier momento y mi sol con ellos. Salí despacio de mi escondite y de camino a Antón tiré un martillo que llevaba en la mano derecha. Éste se confió, bajó la pistola y me extendió la mano.

Le agarré la mano y él la miró con cara de satisfacción, hasta que se dio cuenta de que llevaba un guante aislante, acto seguido me miró y cayó fulminado con siete clavos en la cabeza. Solté la mano y dejé caer la pistola de clavos al suelo, me acerqué a Antón y cuando iba a recoger la pistola que llevaba oí un ruido a mi espalda.

NUEVOS INQUILINOS "Pequeños inconvenientes" (Decimotercera entrada)


Me giré a tiempo para ver como un infectado se abalanzaba sobre mí, era rápido y parecía sediento de sangre. Pude oler su pútrido aliento mientras pensaba que me había llegado el final, pero en ese mismo momento apareció Klaus placándole en el suelo.

-Rápido, acaba con el- gritó Klaus forcejeando con ellos en el suelo.

Cogí la pistola y le volé la cabeza, sólo que esa vez unas gotas salpicaron a mi compañero.

-¡Dios, no!, te has infectado, no tenías que haberle placado.

-No pasa nada, ya me infecté abajo- di un salto atrás en cuanto le oí. -Tranquilo, he visto lo suficiente como para no querer una plaga a nivel mundial, más rapido o más despacio, me están devorando por dentro, lo noto, sólo quiero acabar con esto y morir.

Me informo de que había limpiado el piso inferior, le infectaron casi nada más llegar, así que cogió un fusil y acabó hasta con el capitán. Me dio los códigos y se plantó frente al ascensor.

-Termina lo antes posible, luego me quedaré para que nadie cancele la autodestrucción.

-¿No estaban todos muertos?

-El capitán era un saco babeante, su tronco doblaba el ancho normal de un hombre y la cabeza, que se unía con los hombros como si no hubiera cuello, parecía un saco que contuviera una decena de serpientes en su interior, aún muerto su cuerpo no paraba de retorcerse bajo la piel. Por lo visto, de los que quedaban era el que más tiempo llevaba infectado. Además, se rodeó de calor extremo desde que se contagió. No sé cómo puede haber afectado eso a los jodidos monstruitos, pero preferiría morir antes de descubrirlo.

-Eso está hecho- dije marchándome hacia el generador.

Encontrarlo fue fácil, en lo que tardé un poco más fue en encontrar el panel adecuado y la clave en la libreta del capitán. Cuando introduje los dígitos y lo activé, sonó como en todas las películas de espías y similares, una alarma y una voz iniciando una cuenta atrás de cinco minutos.

-¿cinco?, yo le puse media hora- dije en alto completamente sorprendido, ese jodido doctor no esperaba que saliera nadie de la base, tocaba correr cuando un brazo pasó casi rozándome la cara. Me giré para contemplar a Klaus, sin un brazo, acribillando una infinidad de tentáculos que salían del ascensor y parecían bloquear las balas sin sangrar lo más mínimo. Estaba tan liado con las claves que no oí el jodido ascensor llegar, tenía que salir lo mas rápido posible.

Aligeré lo más que pude y me planté tras mi compañero, tardé un poco porque me entretuve en recoger el extintor.

-Sube por las escaleras, en el séptimo piso podrás coger un ascensor para salir.

-¿Y cómo llego a las escaleras?

-Eso déjamelo a mí, ¿listo?

-Listo.

De repente, un fuerte ronroneo nos rodeó y Klaus levantó la motosierra que se había llevado Antón. Tras esto, se lanzó hacia el ascensor cortando todos los tentáculos que encontraba en su camino, una vez dentro debió de dar al cierre de puertas, ya que se cerraron y me dejó el camino libre, los chillidos de mi compañero me acompañaron hasta el séptimo piso.